Una enfermera de Urgencias denuncia su odisea como paciente

Esta enfermera, que lleva trabajando 15 años en el Ingesa, acudió varias ocasiones a Urgencias con un cólico biliar sin que la quisieran ingresar porque el cirujano no la podía ver hasta que logró que la pasaran a planta por ser “de la casa”

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Isabel Pomares lleva más de quince años trabajando como enfermera en el Ingesa y es consciente de las muchas quejas que existen de pacientes que han acudido al Servicio de Urgencias del Hospital Universitario y han denunciado la lentitud con la que se les ha atendido o incluso una asistencia deficiente. Sin embargo, achacaba algunas de ellas a la exageración de quien pasa por este tipo de situaciones encontrándose mal y esperando ser atendido cuanto antes. Pero su visión ha cambiado radicalmente tras acudir como paciente al Servicio de Urgencias y ver cómo no querían ingresarla para ser intervenida a pesar de que le diagnosticaron un cólico biliar que podía derivar en una pancreatitis aguda cuyas complicaciones pueden acabar con el fallecimiento.

Ante la atención que recibió, esta enfermera no duda de hablar de dejadez por parte de algunos de los facultativos que la asistieron en su repetidas visitas a Urgencias en apenas tres días. Algo que reclama que no le vuelva a ocurrir a ningún paciente y por eso se ha decidido a denunciar su caso a través de EL PUEBLO. Además, pide que se tomen medidas para que no se repita esta situación y se cometa una negligencia como, entiende, le ocurrió a ella.

Isabel cuenta como tras salir de trabajar del Servicio de Urgencias el pasado jueves, 22 de junio, se comenzó a encontrar mal y terminó acudiendo allí una hora después, en esta ocasión, como paciente. Tenía un fuerte dolor abdominal y le administraron un analgésico para mandarla a casa después de hacerle un análisis de orina y de sangre. Sin diagnóstico y con el mismo malestar, Isabel volvió al hospital tres horas más tarde para recibir una atención similar y ser mandada a casa de nuevo. Ya de madrugada, en torno a las dos de la mañana y viendo que no cesaba el dolor, esta enfermera fue al Servicio de Urgencias de Atención Primaria, en el centro del José Lafont, donde le dieron Buscapina antes de que se volviera a ir a casa.

Esta solución, al igual que las otras, no surtió efecto y a las cinco de la mañana, Isabel volvió a Urgencias del Hospital. En esta ocasión no la mandaron a casa, sino que la mantuvieron en un box hasta que a primera hora le hicieron una ecografía y le diagnosticaron un cólico biliar. El dolor ya era insoportable, según cuenta, y por eso le dieron una “bomba” de analgésicos, pero a pesar de que ya la habían diagnóstico y se sabía que la solución era pasar por quirófano, le dijeron que el cirujano no la podría ver hasta diez días después y le dieron el alta.

Pero varias horas después, a las ocho de la tarde del viernes, Isabel volvió a Urgencias. Cuenta que rabiaba de dolor y que la dejaron en observación para volver a darle una “gran cantidad” de analgésicos. Pasó la noche en un box para que por la mañana le dieran nuevamente el alta a pesar de que se le reconoció que había riesgo de que apareciera una pancreatitis aguda y terminara en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). No obstante, según cuenta esta enfermera, le alegaban que el cirujano no la quería ver. Algo que, entiende, pasó al tratarse de un fin de semana.

El sábado, a las ocho de la tarde, Isabel no podía soportar más el dolor y regresó a Urgencias, donde volvieron a dejarla en observación. “Porque soy de la casa, a la una de la mañana me hicieron el favor de subirme a planta”, dice lamentando que en las repetidas ocasiones que ella insistió en pedir que la ingresaran no le habían hecho caso. Pero, al estar en planta, la cirujana que se encontraba de guardia la atendió y le dijo que el mismo domingo la intervendría de urgencia. La doctora no entendía cómo la habían podido dejar así cuando en casos como los que Isabel se intervenía de manera urgente.

Tras pasar por quirófano el domingo y volver a casa, Isabel no ha querido dejar pasar la situación que vivió y que, asegura, podría haberse complicado si no llega a ser por la cirujana que la atendió en último lugar. Y es que, según cuenta, aún sabiendo que tenía cólico biliar uno de los doctores que le atendió en Urgencias ni siquiera quiso poner eso en el informe porque, dice esta enfermera, “era consciente de la gravedad” y de que si acababa en pancreatitis se le podría denunciar. Por eso, insiste Isabel, se deben tomar medidas porque, alerta, no se puede dejar a un paciente sin la atención que necesita aún siendo fin de semana.

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