Entre el secretismo y la incertidumbre

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Este miércoles, Ceuta y Melilla vivieron una jornada de confusión que bien podría ser el guion de una novela de suspense político. La tan anunciada –y largamente esperada– aduana comercial volvía a acoger un nuevo pase de mercancía envuelta en un hermetismo casi impenetrable. Pruebas piloto, camiones cruzando fronteras, Marruecos devolviéndolos y delegaciones del Gobierno incapaces de confirmar o desmentir lo evidente. Lo que debía ser un avance normalizado se vivió como un secreto a voces, con más dudas que certezas y con ambas ciudades mirando al horizonte sin saber si aplaudir o prepararse para otra decepción.

En Melilla, la delegada del Gobierno, Sabrina Moh, salió al ruedo en medio de preguntas incómodas. Su respuesta, una y otra vez, fue que “se está trabajando”. Mientras tanto, en Ceuta, Cristina Pérez optó por el silencio, dejando que los rumores llenaran el vacío informativo. El contraste entre la prudencia ceutí y la necesidad melillense de aclaraciones refleja dos estilos distintos de enfrentar la presión mediática, pero ambos pecaron de lo mismo: falta de transparencia. ¿Es tan difícil confirmar cual es la situación de la aduana comercial, aunque sea con todas las cautelas del caso?

Las imágenes de camiones cruzando fronteras despertaron ilusión en algunos sectores y escepticismo en otros. Desde la Asociación de Residentes de Ceuta recordaban que la letra pequeña de estos acuerdos suele ser un muro más alto que las fronteras mismas. Marruecos, con su visión estratégica de las ciudades autónomas, parece poner tantas trabas como facilidades, y en medio de esta partida de ajedrez, el empresariado local sigue sin saber qué esperar. ¿Será este el inicio de un comercio transfronterizo moderno o simplemente una maniobra de relaciones públicas?

Es innegable que reabrir una aduana comercial en Melilla, después de años de cierre, o abrir por primera vez una aduana comercial en Ceuta, no es tarea sencilla. Pero el secretismo con el que se maneja el tema genera más desconfianza que tranquilidad. Una política de comunicación clara, con detalles precisos y compromisos visibles, sería el primer paso para recuperar la confianza de la ciudadanía y de los sectores afectados. De lo contrario, cada avance parecerá un rumor y cada retraso, un fracaso.

Ceuta y Melilla necesitan claridad y compromisos firmes, no solo palabras vacías. Si este proyecto realmente busca integrar a las ciudades autónomas en el comercio global, debe hacerse con luz y taquígrafos, no entre susurros y sombras. La pelota está en el tejado del Gobierno. Que no la dejen caer, aunque no se fien del vecino Marruecos.

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