La espinita de Sánchez

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Agentes sociales y económicos de Ceuta se reunieron este miércoles con el Gobierno local para abordar el asunto de la aduana comercial de forma conjunta. La Ciudad presentó un documento en el que se plasman una serie de ideas, de planteamientos sobre uno de los mayores quebraderos de cabeza de estos últimos tres años. La buena noticia es que se llegó a un consenso y se mostró unidad.

El discurso de “Más España, más Europa” está bien, pero debe ser una realidad, un hecho, no palabras vacías. Ceuta y Melilla deben aceptar que nunca se llegará a un acuerdo con Marruecos para abrir una aduana comercial convencional. Con las restricciones que se han ido publicando en los medios las últimas semanas sobre que podrá cruzar solo un camión en cada sentido y con productos limitados la pregunta es la siguiente: ¿realmente es tan necesario abrir la aduana con esas reglas? ¿tendría, en caso de una apertura con restricciones, impacto económico real?

Ceuta tiene que centrarse en otros objetivos como la instalación del cable eléctrico, la consolidación y mejora del Régimen Económico y Fiscal Especial, las aspiraciones tecnológicas, dar un vuelco a la economía en el sentido verde y azul y, ahora más que nunca, prestar apoyo a los pequeños comercios locales.

La apertura de la aduana comercial parece cada vez más una medalla que se quiere colgar el presidente Sánchez a toda costa, bajo las condiciones que sea, asumiendo lo que haya que asumir. Es una espinita que no consigue quitarse después del giro en su postura sobre el Sáhara en favor del planteamiento marroquí.

Por el aro pasan, gracias al juego interminable del país vecino, Ceuta y Melilla, sus empresas, sus comerciantes, sus habitantes. Las ciudades autónomas poco tienen que decir en este juego del palo y la zanahoria.

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