La Enfermería y el castillo de naipes

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Cuando los recursos brillan por su ausencia en un equipo de trabajo, sus miembros tienen la responsabilidad (injusta o no) de remar con firmeza y coraje. De lo contrario, el barco se hunde. Si una sola carta falla, el castillo de naipes se derrumba hasta quedar aforme. Cuando el equipo es reducido, basta con que uno tire la toalla para que el engranaje pierda fuerza. Por aquello de que el trabajo se descompensa y las espaldas de los que resisten comienzan a soportar más peso del debido. Es lo que ocurre con la Enfermería Escolar en Ceuta desde el inicio del curso 2024-2025.

Fueron años de reivindicaciones que, abanderadas por una madre y un sindicato (Mirfat y SATSE), apoyaban partidos políticos, juntas directivas de colegios e institutos y gran parte de los progenitores de los afectados: los niños y niñas. En especial, aquellos con enfermedades crónicas. De todo ese esfuerzo, tras un 2024 marcado por las instituciones local y estatal (Ciudad y Ministerio de Educación) pasándose la pelota de las competencias, se obró el milagro. Uno que dejó mal sabor de boca. El Gobierno de Ceuta anunció la incorporación de 14 puestos para enfermeras escolares en sus Planes de Empleo. No era la fórmula deseada, pero, al menos, era una solución. 14 enfermeras (os) para 24 colegios y 6 institutos se antoja a cualquiera tarea ardua. Máxime si se trata de una labor como la sanitaria, que requiere de tiempo y dedicación.

La Consejería de Empleo se las averiguó para coordinar al equipo. Los institutos son los centros satélites, cuenta cada cual con una enfermera fija, de la que depende otra enfermera que rota entre los colegios cercanos, de la zona. La enfermera del centro satélite y de los colegios tienen el deber de coordinarse de forma que esta última vaya un día de la semana a cada centro de su competencia. Allí debe realizar formación y atender lo que surja durante toda su jornada laboral, pero, en caso de que suceda una urgencia en otro de sus colegios o deba atender a un alumno con enfermedad crónica, la enfermera tendrá que trasladarse hasta el otro centro para hacer lo debido.

Problema: no sucede así en algunas zonas, como la centro, donde se ubica, entre otros, el Andrés Manjón, con dos niños diabéticos. Si a su enfermera le toca los jueves en el Beatriz de Silva se permite el lujo de no acudir al Manjón para pinchar al menor a la hora estipulada, aunque debería hacerlo. Y también educar en salud a los niños. Según cuentan madres y equipo directivo, no lo hace. ¿El problema es organizativo o de dejación de funciones?, ¿estructural o aislado? Parece que lo segundo. Cuando una carta cae, se derrumba el castillo de naipes.

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