«No es buena idea dejar a los niños inmigrantes solos en un aula: las cosas pueden hacerse de otra manera»

ENTREVISTA

El autor de “Heridas de frontera” advierte del sentimiento que puede generar en los menores las disputas por eludir su acogimiento: “Puede que no quieras integrarte porque acabes pensando que no te quieren”

Imad Boussif Doulah/FOTO EL PUEBLO
Imad Boussif Doulah/FOTO EL PUEBLO

Imad Boussif Dalouh llegó a España en 2006 desde Marruecos con un visado de turista. Durante un par de años vivió la experiencia de ser un migrante sin papeles. Trabajó de pintor, camarero, cocinero y fregaplatos, entre otras ocupaciones de subsistencia. Pocos años después de su llegada al país, se matriculó en el curso de acceso a la universidad. Graduado en Traducción e Interpretación por la Universidad de Murcia, obtuvo un máster en Educación por la Universidad de La Laguna. Hoy ha presentado en la biblioteca pública “Adolfo Suárez” su libro “Heridas de frontera”, una investigación desarrollada en centros escolares de la Región de Murcia sobre la integración de los niños migrantes en el sistema educativo español.

• Pregunta.- Usted es un inmigrante en España que ha escrito un libro titulado «Heridas de frontera». Pero esta obra suya no es una biografía.

Respuesta.- No, este libro no va de mi vida. El libro habla de inmigración desde una perspectiva educativa. Es un estudio científico sobre el alumnado inmigrante que no conoce el español y que vive en España.

Mi tesis doctoral versaba sobre las aulas especiales para este tipo de alumnado. “Heridas de frontera” se centra en la parte teórica de la tesis y habla de interculturalidad y de identidad. También habla del racismo.

El estudio está hecho sobre todos los centros de la Región de Murcia donde existían esas aulas de acogida. Entrevisté al profesorado específico y a los alumnos de esas aulas e hice encuestas entre ellos.

P.- La educación es una herramienta fundamental para garantizar la integración de los niños migrantes en nuestra sociedad. ¿Cómo está abordando España este reto?

R.- No es buena idea colocar al alumnado inmigrante en un aula y dejarlo ahí todo el curso escolar. Eso es segregación. Las cosas pueden hacerse de otra manera.

Tenemos que trabajar con aulas abiertas donde el alumnado entre y salga, donde permanezca solo algunas horas al día para aprender la lengua, para reforzar su español. Lo otro es un error, porque abocamos a los niños a que no se integren en el centro educativo, a que no se integren en la sociedad. No hacen amigos autóctonos. Todas estas cosas acaban teniendo consecuencias negativas a la larga.

P.- El fenómeno migratorio no es, precisamente, una realidad nueva. Llama un poco la atención que el sistema educativo no haya sido capaz de adaptarse a este nuevo escenario.

R.- Exacto. Estas aulas especiales tienen que servir para lo que tienen que servir. Los niños deben permancer allí un tiempo y luego incorporarse a sus aulas de referencia y a sus nuevos compañeros.

Desde luego que, al principio, para ellos es genial, porque los colocas en su zona de confort: hablan en su propio idioma con otros niños con los que comparten origen. Pero esto no funciona si lo que queremos es que crezcan en una sociedad global, intercultural.

Una medida que se podría adoptar, y que me parece maravillosa, es adscribir a cada alumno que llega un tutor español, un alumno nativo que se preste voluntariamente a desempeñar esta tarea.

P.-La integración a veces se hace más difícil si, como ocurre en la actualidad en España, las comunidades autónomas entran en disputa porque no quieren acoger más niños migrantes procedentes de Canarias o Ceuta. ¿Está la sociedad española insensibilizándose ante el drama de estos jóvenes? ¿Qué percepción pueden tener estos niños del país que se supone va a acogerlos?

Bueno, ya de primera sabes que te han rechazado nada más llegar. Muchas veces vemos el fenómeno de la inmigración con una visión macro que se limita a contar el número de niños que llegan a Ceuta. Pero es que detrás hay personas. Son niños que se sienten rechazados en todas partes, niños que para llegar a España han tenido que pasarlo muy mal, niños que han arriesgado su vida en el mar… Y, de pronto, llegan a una comunidad que les rechaza. Eso a lo que puede dar lugar es a que rechaces esa sociedad de acogida, a que no desees integrarte porque piensas que no te quieren.

P.- ¿España puede reproducir el modelo de Francia, donde existen auténticos guetos de ciudadanos de origen inmigrante?

P.- Creo que podremos evitar eso. Siempre pongo a Francia como ejemplo de lo que no hay que hacer. No creo que ahora mismo en España estemos a ese nivel, por supuesto que no. Creo que podemos hacerlo mejor que ellos, lo que tampoco resulta muy difícil.

En Francia existen guetos, lo que llaman las cités, los suburbios. Todas las ciudades grandes tienen un montón de ellos. Senegaleses, marroquíes, argelinos, tunecinos… Jóvenes que acaban criándose en una única cultura, donde apenas hay contacto con el exterior. ¿Qué esperas que suceda luego? Evidentemente no hay integración.

Te encuentras con que te rechazan para trabajar por ser de ese barrio, tu currículo no va a ser aceptado en ningún sitio, por tu barrio, por tu nombre. Hacerlo mejor que en Francia es fácil.

P.- Los vientos que soplan en el mundo, con el avance de fuerzas políticas que cuestionan los valores democráticos, no invitan a ser optimistas...

Yo siempre he sido muy optimista. Siempre he pensado que la sociedad de ahora es mejor que la de antes. Creo que existe mucho menos racismo que antes, aunque, evidentemente, siga habiéndolo. Pero, claro, luego pasan cosas. Como que Trump gane las elecciones en los EEUU. Es entonces cuando pienso: ¿Y si a lo mejor estoy equivocado? Veo que hay una mayoría de personas que han votado a alguien como Trump y me pregunto dónde estamos. Pero me resisto a creer que vayamos hacia atrás.

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