El jurado popular declara culpable a Alonso G. de asesinar con alevosía a Mari Ángeles
TRIBUNALES
El tribunal formado por nueve ciudadanos ceutíes no considera inocente al policía que disparó a su esposa el 14 de marzo de 2022 en presencia de su hija, menor de edad entonces. Probados los delitos de lesiones psíquicas y contra la integridad moral de la joven, así como de maltrato habitual contra su madre
El jurado popular ha declarado culpable a Alonso G. de asesinar a su mujer -María de los Ángeles L.- en su casa de un tiro delante de su hija, entonces menor de edad, en la barriada Parques de Ceuta en 2022. El tribunal ha llegado a un acuerdo y en la noche de este viernes emitió el veredicto por el que señala al policía local autor de todos los cargos por los que estaba acusado: asesinato con alevosía, maltrato habitual contra su esposa; y un delito de lesiones psíquicas y otro contra la integridad moral de la joven. La acusaciones finalmente han solicitado 42 años de cárcel y más medidas como órdenes de alejamiento, prohibiciones de la patria potestad del hijo menor del matrimonio o indemnizaciones para el reo y para la Ciudad. Si bien su culpabilidad en los hechos ha sido determinada por un tribunal de nueve ciudadanos legos en derecho, la sentencia final (y contra la que cabe recurso) será impuesta en los próximos días por la magistrada de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Cádiz Rosa de Castro.
Desde las 10:30 del viernes, hora en el que el jurado fue citado, hasta las 23:40, rozando el sábado, el último día del jucio del crimen de Parques de Ceuta tuvo mucha deliberación, mucha espera y nuevas sorpresas. Finalmente las acusaciones han solicitado 42 años de prisión: 25 por asesinato con alevosía, 12 por las lesiones psíquicas causadas a la testigo y huérfana y otros dos por un delito contra su integridad moral; así como tres más por maltrato habitual en el ámbito familiar a su madre fallecida. También se piden altas indemnizaciones en concepto de responsabilidad civil superiores a los 500.000 euros que se espera que abonen tanto Alonso G. como la Ciudad Autónoma por los controles insuficientes a sus funcionarios con arma. La acusación particular se adhirió al desglose expuesto por la Fiscalía, si bien solicitó indemnizaciones aún más altas para madre, hermana e hijos de la víctima. No obstante, el abogado que representa a estos familiares insistió en que la Ciudad deba pagar junto al reo una responsabilidad civil de manera solidaria y no subsidiaria (respectivamente, mayor o menor responsabilidad de pago del montante).
Un final de juicio tenso, con esperas, “complejo” y “farragoso”
El show mediático vivido durante estos días en la Audiencia Provincial en Ceuta no terminó ni siquiera con las mejorables argumentaciones de los informes elaborados por los peritos de la defensa, los televisivamente conocidos José Jiménez Planelles y José Cabrera. En la mañana del viernes la abogada del reo trató de recursar sin éxito a la magistrada Rosa de Castro y prolongó durante más de cinco horas el comienzo de la deliberación del tribunal. La jueza agradeció la actuación de un jurado “excepcional” en un juicio que calificó de “complejo” y “farragoso”.
El mediático procedimiento penal sobre un suceso que conmocionó Ceuta, donde no se cometen crímenes machistas mortales desde entonces, comenzó el pasado martes 22 de abril, un día después de la elección de las 11 personas que debían componer el jurado popular (nueve titulares y dos suplentes). Aquella jornada declaró la hija del matrimonio implicado -menor de edad el 14 de marzo de 2022-, quien testificó separada de su padre por un biombo.
El giro de la defensa un año después de la muerte de Mari Ángeles ha hecho el procedimiento más complejo, ya que una de las líneas seguida por la letrada de Alonso G. desde 2023 ha sido señalar a la niña -M.G.L.- diciendo que fue ella la que apretó el gatillo, de forma accidental y tras un forcejeo, hiriendo mortalmente a su madre.
La joven, emocionada por momentos, hizo el mismo relato de los hechos que aquel fatídico día explicó a los agentes de policía que llegaron a la vivienda y posteriormente al Juzgado de Instrucción. Según M.G.L., su padre llegó aquel lunes 14 de marzo sobre las 10:00 de la mañana a casa, donde se encontraba ella sola en su cuarto estudiando para un examen.
Posteriormente volvió su madre de hacer unos recados y a los pocos minutos empezó a escuchar una fuerte discusión entre el matrimonio por el extravío de una cita médica que Alonso G. achacaba a su mujer. La tensión iba en aumento, por lo que la niña decidió salir a mediar.
La escena que se encontró, según su versión, es la de su padre con su uniforme de policía local apuntando con su arma reglamentaria directamente a su madre, que permanecía “petrificada” junto al cubo de basura donde buscaba con insistencia la cita médica de su marido. “Lloraba. Estaba aterrorizada. Ella tenía los ojos abiertos como platos; mi padre, cara de loco”, explicó M.G.L.
La niña bajó el brazo del agente cogiéndolo de la muñeca y le suplicó: “Os necesitamos a los dos. Hazlo por mi hermano y por mí”, le dijo. No lo tuvo en cuenta Alonso G., que se zafó de la joven y disparó mortalmente a Mari Ángeles. Un “brote psicótico” detectado por su psiquiatra en Algeciras 11 días antes es el argumento de la defensa para explicar el estado de tensión e irritación en el que se encontraba el policía, que se enfrenta a más de 40 años de prisión por estos hechos.
A partir de ese momento, la menor se abalanzó sobre su padre, que supuestamente había vuelto a apuntar a su esposa para terminar de rematarla. Después de un forcejeo en el que la joven se hizo una herida en la mano y de un segundo disparo que impactó en la nevera, Alonso G. entró en razón y fue a guardar su arma. En lugar de introducirla como de costumbre en la caja fuerte de su dormitorio, la escondió debajo de la cama junto al cinturón reglamentario, al cargador que al llegar al domicilio había situado sobre la mesa del salón y a uno de los casquillos de bala. “No daba tiempo” se excusó hace unos días en sede judicial.
El caos reinaba en la casa mientras Mari Ángeles, poco a poco, iba perdiendo la conciencia. Llamadas de padre e hija a la policía y al servicio de emergencias, la cría corrió al piso de abajo a buscar a sus tíos… Cuando llegaron las autoridades, la madre yacía ensangrentada en el suelo de la cocina. “¿Qué he hecho?, ¿la he matado?”, preguntaba una y otra vez Alonso G., a quien la niña tuvo que presionar para que llamara al 062 tras verlo inmóvil. “No derramó ni una lágrima”, recordó Javier Cabillas, el abogado de la acusación particular, en sus conclusiones y apoyado en las manifestaciones de testigos.
El ataque de celos
La declaración en la vista de la psiquiatra que trató al acusado de forma intermitente durante casi 20 años arrojó luz sobre los hechos que ocurrieron aquel 14 de marzo. El día 3 de ese mismo mes, 11 días antes, Alonso G. fue a la consulta de la profesional en Algeciras junto a su mujer, pero algo pintaba diferente a lo habitual.
Según la médico, el agente dejó a su esposa fuera y entró solo e imbuido en un aparente estado de euforia que ella relaciona con un brote psicótico que padecía Alonso G. en aquel momento. Además de mostrar “prepotencia”, “superioridad” o estar “juguetón”, el policía local presentaba un cuadro maniaco enfocado en una sospecha de que su mujer le era infiel y que se quería divorciar o que “tramaba algo”. De hecho, insistió a la profesional para que posteriormente interrogara a Mari Ángeles con el fin de sacarle información al respecto.
La psiquiatra recomendó a Alonso G. -quien le había ocultado durante casi 20 años que ese era su nombre, que era policía y que portaba una pistola- que fuera hospitalizado a la vista de los síntomas que estaba presenciando, pero éste se negó en rotundo. La doctora aseguró durante su intervención en el juicio que de haber sabido que era un agente de la autoridad y que tenía un arma, hubiera tomado medidas más radicales más allá del consejo al matrimonio.
Mari Ángeles, en su conversación posterior con la médico, se mostró triste, desesperada y le transmitió que estaba iniciando los trámites del divorcio ante la situación “insostenible” que vivía en casa. Esta versión coincide con la que dio la niña y refuerza la tesis de los malos tratos habituales o de que la relación de puertas para adentro no era la mejor, como plantearon varios familiares de la víctima durante la vista.
La psiquiatra también recomendó a la mujer que hospitalizara a Alonso G, pero ésta prefirió esperar a volver a Ceuta. Nunca lo hizo, y la defensa del acusado culpabiliza de este último punto a la esposa asesinada.
Solo 11 días después se cometió el crimen en la vivienda del matrimonio. “Me sorprendió la noticia del asesinato porque Alonso G. en esa fecha tenía que haber estado ingresado”, declaró su psiquiatra. La Fiscalía lo tuvo claro durante sus conclusiones: Alonso G. es un maltratador habitual que asesinó a su mujer a conciencia y sin que sus capacidades intelectivas ni volitivas estuviesen anuladas en el momento de los hechos.
De incriminar a la víctima a tratar de recusar a la jueza Rosa de Castro: “No he visto nada igual”
El juicio por el asesinato en Parques de Ceuta ha tenido de todo, incluso la incriminación por parte de su padre de M.G.L., la huérfana y testigo del asesinato de su progenitora. Además, la agresiva línea de defensa de la letrada del reo, Inmaculada Guil, ha llegado hasta la solicitud de recusación este viernes de la magistrada-presidenta del tribunal, Rosa de Castro; una petición que no solo no ha conseguido, sino que le ha valido a la abogada para perder su último turno de palabra. “Nunca he visto nada igual. Es una barbarie que el acusado culpe a su hija. Ya no está la madre y ahora va a por ella”, comentó el abogado de la acusación particular durante sus conclusiones finales este miércoles. "Lo ha conseguido, letrada, al final lo ha conseguido", han sido las primeras palabras fuera de micro de la jueza cerca de la madrugada de este sábado.
Inmaculada Guil expuso el miércoles su informe final durante unas dos horas en las que atacó a diestro y siniestro sin miramientos. La niña, de 17 años y traumatizada de por vida según los expertos, “mintió desde el inicio, desde el primer día” -esgrime la defensa-. Mari Ángeles, maltratada junto a su hija durante toda su vida según la cría y sus psicólogas, falló al no internar a su marido. La Ciudad Autónoma también erró al no supervisar adecuadamente a los agentes. La familia de la esposa del policía engaña a conciencia, al igual que los profesionales proporcionados por las acusaciones. Todos son culpables menos su cliente. “Es una persona vulnerable, está enfermo”, sostuvo una y otra vez la abogada.
Después de días y horas de vista, así como de trabas y de protestas por parte de Guil para retrasar e incluso anular el juicio, el jurado popular dictó su sentencia. Alonso G. llevaba semanas, incluso meses, sospechando que su mujer le era infiel y que se quería divorciar. También ignoraba tomar su medicación, e incluso los consejos de su psiquiatra.
Aquel día se fue del trabajo directo a casa y no encontró a su esposa, de la que sospechaba de manera maniaca desde hacía tiempo. “En casa las tenía aterrorizadas”, recordó en sus conclusiones Cabillas, el representante legal de los intereses de la víctima. Alonso G. cargó el arma reglamentaria, apuntó a su mujer y no le importó que la menor estuviera delante. Y disparó. “Si hubiera querido matarla, le da en la cabeza o en el corazón”, apostilló Guil durante su última intervención, insistiendo en la tesis del accidente.
El acusado fue a esconder el arma y luego gritó al cielo. “¿Qué he hecho después de 22 años?, ¿la he matado?”, preguntaba a los agentes que acudieron a su casa poco después. Se acordaba de los años que llevaban casados, en su llamada a Emergencias se excusó diciendo que se se le había disparado el arma, recordó preguntar por lavarse las manos, hizo el gesto con sus brazos de que le pusieran las esposas… No dio ninguna versión diferente hasta más de un año después, cuando ya estuvo todo sobre la mesa de cara a ejercer esta línea de defensa. No contestó a las preguntas del Ministerio Público ni de la acusación particular en Instrucción ni en la Audiencia, donde tampoco ejerció su derecho a la última palabra.
El jurado popular dio su veredicto después de nueve jornadas maratonianas y culpó a Alonso G. de asesinar a su mujer a sangre fría en el marco de un crimen machista que ha destrozado a su hija de por vida. Solo queda la condena, la sentencia que será analizada por la magistrada Rosa de Castro.
- "¡La niña la ha liado!, ¡debería haber estado en el colegio!”, dice la madre de Alonso -presente en todas las sesiones del juicio- que su hijo le expresó para justificar la muerte de Mari Ángeles.
- "Esa frase tendría que haberla alargado. Podría haber seguido así: '¡Debería haber estado en el colegio!, ¡así no habría testigos!'”, apostilló Cabillas el miércoles.
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