Barceló activa el espíritu Rociero en Ceuta con un pregón emotivo y sentimental

ROMERÍA DEL ROCÍO 2025

El joven realizó el discurso en la Parroquia de Santa Teresa sobre las 12 y media ante decenas de personas días antes de la conocida romería

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Estaba ilusionado y se le notaba en la cara. Este domingo 25 de mayo fue un día especial para Javier Barceló, pregonero del Rocío que realizó su discurso en la Parroquia de Santa Teresa. El joven, ante decenas de personas, se abrió en canal en una mezcla de añoranza, emotividad y sentimientos que calaron de lleno entre todos los asistentes.

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“Hoy, con la humildad de quien se deja llevar por la emoción, voy a intentar adentrarme en lo más profundo de tu ser”, arrancó Barceló.

Antes de hablar de sí mismo, Barceló dirigió sus primeras palabras de gratitud a su amigo Adán, a quien consideró mucho más que eso: “No eres solo mi amigo, eres ese hermano mayor que la vida me regaló sin llevar mi sangre, pero sí mi alma”. Le atribuyó una influencia fundamental en su caminar rociero: “Contigo aprendí que el Rocío también se camina con silencios, con apoyo y con verdad”.

Uno de los momentos centrales del pregón llegó cuando el pregonero revivió el año 2013, cuando tuvo su primer encuentro con la Virgen del Rocío durante un viaje organizado por la Diócesis de Cádiz y Ceuta con motivo de la Jornada de Pastoral Juvenil. “Allí que me fui. Antes de partir, me hablaron mucho de aquel lugar, pero ninguna palabra fue suficiente”, compartió. El viaje atravesó varios pueblos de la sierra onubense antes de llegar a Almonte, y de ahí, al esperado camino.

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Sin embargo, la emoción inicial se transformó en desilusión al llegar a la aldea, cuando un aviso de bomba en la ermita impidió que el grupo pudiera acercarse a la Virgen. “Me dejó una profunda desilusión. Todos los que venían conmigo me hablaban de sus vivencias, de sus encuentros con Ella, y yo sentía que me quedaba sin el mío…”.

A la mañana siguiente, volvió solo a la ermita. Y allí sucedió algo que marcaría su vida. “Crucé el dintel de la puerta… y allí estaba Ella. Distinta a como la había imaginado tantas veces. Vestía con su ráfaga de pincho y su presencia me sobrecogió. Mientras me acercaba, mis ojos se empezaron a empañar de lágrimas”. Justo en ese instante, una niña comenzó a cantar una sevillana. “Os juro, y os prometo, que, en ese instante, la Virgen se quedó en mí para siempre”.

Desde ese momento, relató Barceló, su vida quedó marcada por la devoción a la Blanca Paloma. “Estar a tu vera no es deseo: es destino. Vivir bajo tu mirada no es anhelo: es refugio”. Con versos, plegarias y reflexiones que rozaban la oración, el pregón fue tomando forma de testimonio íntimo, más que de proclamación pública. “Haz de mi vida un verso que se enreda al son del tamboril por la vereda”, recitó.

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El camino de vuelta

El pregón también dedicó espacio al duro regreso tras la romería, cuando el Simpecado ya descansa y los trajes vuelven a sus vitrinas. “Llega ahora el camino más duro del rociero: el echar de menos”, explicó. Describió la sensación de vacío que se instala cuando se apaga el eco del tamboril y se extrañan los pequeños rituales cotidianos: los saludos, las bromas, las confidencias, los gestos. “El Rocío es la única cosa que, durante todos y cada uno de los 365 días del año, se echa de menos”.

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