La música tiende “un puente entre África y Europa” en Juan Carlos I
INCLUSIÓN
Plena Inclusión ha organizado una jornada de convivencia entre sus usuarios y residentes del CETI en su sede, donde decenas de personas han bailado, reído y compartido experiencias
El ritmo de los tambores daba la bienvenida este jueves al cruzar la puerta principal de las instalaciones de Plena Inclusión, en Juan Carlos I. La entidad colocó carpas en el exterior de su sede para resguardar las mesas de picoteo del ardiente sol del mediodía. A su alrededor, decenas de hombres y mujeres bailaban al compás de la percusión y se sorteaban los turnos para fotografiarse tras el photocall elaborado por los usuarios de la entidad organizadora de la jornada de convivencia que reunió a personas con discapacidad intelectual y a residentes del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).
“Un puente entre África y Europa: compartiendo culturas”, reza el lema del evento lúdico celebrado entre las 11:00 y las 13:00 horas que protagonizó la música, lenguaje que logró romper con la brecha idiomática propia de un encuentro internacional. Mali, Marruecos, Guinea Conakry o Sudán son algunos de los países de procedencia de los jóvenes que se desplazaron desde el Jaral junto a la ordenanza del turno de tarde del CETI, Montserrat Toledo, que recibiera este año el Premio a la Mujer Trabajadora de Plena Inclusión.
Para Toledo, generar espacios de convivencia es necesario ya que permite “que se sientan integrados, acogidos”. “Aunque no nos entendamos por el idioma, sí nos entendemos por el contacto, el baile, las risas, la diversión. Eso también hace convivencia”, afirmó sin despegar la mirada de los chicos que se encontraban bajo su responsabilidad. De entre ellos, Hatim, un joven marroquí de 22 años, natural de Larache, que se movía al ritmo de los tambores junto a Jamal, un chico sudanés que acaba de entrar en la veintena.
De la experiencia vivida este jueves se quedan con la posibilidad de conocer a los usuarios de Plena Inclusión, a extraños que durante unas horas compartieron risas y pan. “Muy contento de poder conocer gente nueva, gente muy bonita”, afirmaba, sonriente, Jamal, en un inglés fluido. Para la trabajadora del CETI, es vital promover encuentros en los que los residentes puedan conversar de igual a igual con otra parte de la población ceutí con la que no suelen estar en contacto. “Es importante que veamos que ellos también son ciudadanos, que también forman parte de la sociedad, que conviven con nosotros y aportan algo a nuestra ciudad”, afirmó mientras, a su lado, asentían.
Lo hacía la técnico de Plena Inclusión Olga Caballero, quien explicó a este diario que esta actividad se enmarca dentro del programa de accesibilidad ‘Construyendo comunidades accesibles’. “Ha sido una jornada de convivencia para conocer el respeto, el entendimiento y el intercambio de culturas entre usuarios y profesionales”, relató para después señalar hacia la pared ubicada a su izquierda, que lucía decorada con una pancarta con el lema de la jornada inscrita. Bajo las letras, el continente africano y el europeo dibujados uno en cada extremo. El espacio entre ambas siluetas estaba adornado con decenas de manos de colores amarillo, naranja y verde.
“Todos están participando poniendo sus manos para simbolizar el puente entre los dos continentes”, aclaró Caballero. No es el primer encuentro con residentes del CETI que organiza Plena Inclusión. Para la monitora de la entidad, la importancia de estas jornadas reside en que promueven “el respeto” y el “entendimiento” entre culturas diversas.
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