Jacobo Díaz, el doctor del HUCE que participará en el diseño de una nueva especialidad médica
SANIDAD
El especialista en Análisis Clínicos sevillano, radicado en Ceuta desde 1991, es uno de los nueve facultativos españoles elegidos por el Ministerio de Sanidad entre 700 hospitales para ocupar la nueva Comisión Nacional de Laboratorio Clínico
Entre la multitud aglomerada el 19 de mayo frente a la Basílica de San Pedro del Vaticano, a la espera de ver a lo lejos al recién entronizado papa León XIV, se encontraba Jacobo Díaz Portillo (Alcalá de Guadaira, 1962). El doctor sevillano viajó a Roma con su familia desde Ceuta, donde trabaja como analista clínico desde 1991, para acompañar a Robert Francis Prevost durante el acto que marcaba el inicio de su pontificado. En mitad del barullo, miró su móvil y comprobó la recepción de una carta en la que el Ministerio de Sanidad le felicitaba por haber sido seleccionado como vocal para la nueva Comisión Nacional de Laboratorio Clínico que está a punto de constituirse. Ese día cumplía 63, fue su “regalo de cumpleaños”.
El doctor Díaz Portillo es uno de los nueve facultativos elegidos entre toda España por la Dirección General de Ordenación Profesional, a propuesta de la Comisión de Recursos Humanos del Sistema Nacional de Salud (SNS). Son 700 los hospitales que se reparten a lo largo y ancho de la geografía española, 400 públicos y 300 concertados, todos ellos con analistas y bioquímicos, de entre los que el Ministerio de Sanidad -con la potestad de proponer, al igual que el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades- quiso a Díaz Portillo, el primer especialista del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA) en formar parte de una comisión nacional.
El equipo quedará constituido este lunes, 9 de junio, tras una primera reunión que mantendrán en Madrid. Deberán elegir al presidente y vicepresidente, tras lo cual dará comienzo la cuenta atrás. La comisión dispone de menos de seis meses para completar su tarea inicial: diseñar la nueva especialidad de Laboratorio Clínico, que fusionará las antiguas Análisis Clínicos -en la que se enmarca Díaz- y Bioquímica. Los nueve deberán coordinar, regular y promover la formación, calidad e innovación de la referida especialidad, que abarca áreas de conocimiento tan diversas como bioquímica, microbiología, hematología, inmunología, genética, reproducción asistida y biología molecular o gestión del laboratorio.
Les queda por delante un “arduo trabajo” para fusionar los dos programas docentes en uno, con el objetivo de que la próxima promoción de residentes, que entrará en enero de 2026, pueda acogerse ya a la especialidad unificada de Laboratorio Clínico, que es común a Medicina (MIR), Farmacia (FIR), Biología (BIR) y Química (QIR). Estarán también a cargo de establecer los criterios que los hospitales deberán cumplir para poder acreditar la unidad docente e impartir la nueva especialidad en sus instalaciones.
A Díaz Portillo, que no solo es analista clínico en el Hospital Universitario de Ceuta (HUCE), sino que también ejerce de coordinador de Formación Continuada de todos los profesionales del INGESA de Ceuta, y también como miembro activo en el Comité de Formación Continuada y el Comité Científico de la Sociedad Española del Laboratorio Clínico (SEMEDLAB), donde compagina labores asistenciales, docentes e investigadoras -esta última le valió recientemente un primer premio por un estudio sobre el colesterol-, le gustan los “retos”. Es por eso que, al recibir una primera llamada de la Comisión de Recursos Humanos del SNS comunicándole que habían pensado en él para el nuevo proyecto del Ministerio, aceptó entregarles toda la documentación necesaria para el proceso de selección, aunque con poca esperanza.
“Uno está en un hospital pequeño. Imagínate, hay 700 hospitales en España, con 700 jefes, 700 tutores de formación. En fin… Que el 19 de mayo, el día de mi cumpleaños, me escribieron con el nombramiento”, resume Jacobo Díaz sentado de piernas cruzadas en una de las mesas que componen el mobiliario del pulcro laboratorio del HUCE, en la tercera planta de Consultas Externas. Frente a la puerta principal de la estancia, la pared luce atestada de dibujos de enfermeras, médicos, auxiliares y hasta personal de limpieza. Todos los trabajadores del servicio representados en el colorido mural. “Hay buen ambiente”, resumió Díaz al contemplarlo. Lo dijo con una sonrisa en el rostro, marca de la casa del doctor que, con unas gafas de pasta azules a juego con la inscripción del HUCE de su chaleco blanco, recibió este viernes a El Pueblo de Ceuta para hablar de su reciente nombramiento y de los retos asumidos en sus más de treinta años de profesión que le han valido ahora un hueco en un reducido equipo de expertos comandados por el Ministerio de Sanidad.
Encaje de bolillos
El hijo del analista clínico sevillano, Jorge, aprobó los exámenes para acceder a la especialidad como residente -vía FIR- hace dos años, y consiguió plaza en la misma especialidad que su padre, en el hospital Universitario de Burgos. Dado que su laboratorio no incluía la reproducción asistida en su cartera formativa, tuvo que desplazarse a Canarias para instruirse en la materia. Un día cualquiera, su adjunto le comentó que se había apuntado a un curso de bioestadística impartido por un tal Jacobo Díaz. Cuando le dijo que era su padre, la respuesta del compañero sigue haciendo que Díaz se parta de risa: “He escuchado más a tu padre que al mío”.
“Claro, porque mis cursos son muy extensos, todos en formato vídeo, ya grabados. El alumno tiene que escucharlos no una, sino varias veces”, comenta Díaz Portillo en alusión a sus cursos online de formación en bioestadística, una de las parcelas “más complejas”, que se suman a otros centrados en metodologías de investigación -todos celebrados a través de la sociedad científica a la que pertenece- y que le han hecho “muy famoso” en el mundillo. Cree que, en parte, esta popularidad ha permitido que el Ministerio se fijara en él de entre los centenares de profesionales de su especialidad.
Cuando sus allegados le preguntan: “¿Tú de dónde sacas el tiempo?”. Él responde que la docencia “es como una afición”, no “un segundo trabajo”. En especial, enseñar la estadística. “Descubrí hace tiempo que en la profesión médica la estadística es una disciplina difícil de entender, aunque fundamental para la investigación. Y decidí dedicarme a esto porque, además, me gusta, la entiendo. Dije: ‘Mira, puedo ayudar a los demás en una materia tan difícil’. Y la verdad es que me da mucha satisfacción”, dice Díaz, que logra compaginar todas sus facetas profesionales “haciendo encaje de bolillos”.
Algún que otro amigo, tras darle la enhorabuena, le ha preguntado si, tras haber “ascendido”, se iría a Madrid. Les responde en tono jocoso: “Yo me quedo en la perla del Mediterráneo, que estoy muy a gusto”. “En el hospital, asumir cargos no siempre va acompañado de un incremento del sueldo. En este caso -como vocal de la comisión- no te pagan nada, al contrario, tienes que trabajar más. Y compaginar tu labor asistencial, investigadora, docente…”, explica.
Las reuniones de las comisiones a las que pertenece las atiende mientras trabaja en el laboratorio, teniendo que ausentarse puntualmente cuando lo requieren. Es por eso que prefiere las reuniones presenciales, en las que los miembros de los equipos pueden estar realmente enfocados en la materia. Por eso y por la importancia de fomentar “las relaciones humanas”. “Hay un feed-back, un intercambio de información. Pasa lo mismo con los congresos. Te vas enriquecido profesionalmente, con mucha información sobre los problemas y las soluciones. Y puedes hacer amigos. Es importante tener amigos en todos los hospitales para poder llamar a cualquiera cuando tengas un problema. Todo lo que sea salir y relacionarte con gente de tu especialidad siempre es enriquecedor”, afirma.
La Comisión Nacional de Laboratorio Clínico se suma ahora a las excusas de Díaz para poder salir puntualmente de Ceuta, entablar contacto con otros compañeros y retroalimentarse. Nunca ha tenido la inquietud por abandonar la ciudad autónoma, al posibilitarle salir de manera temporal. “Profesionalmente, nunca he tenido la necesidad de irme fuera para progresar”, expresa. A esta plenitud laboral se añaden los motivos personales. El hecho de que su familia esté establecida en Ceuta, una ciudad donde “los niños se crían muy bien”, con “mucha libertad”.
Además, el nivel del servicio donde trabaja “está muy por encima de cualquier hospital comarcal de Andalucía o del resto del país” en cuanto a “tecnología y cartera de servicios”. Cuentan también con un laboratorio de referencia que resuelve aquellas determinaciones que se piden menos frecuentemente y que no son rentables por su volumen. La sensación de satisfacción del doctor aficionado y experto en bioestadística aplicada a la investigación y enamorado de su profesión, que recibe premios por su labor investigadora y viaja por la península con los comités a los que pertenece, se ve ahora aumentada por la pertenencia a un organismo ministerial que también ha llevado el prestigio a la institución a la que pertenece desde enero de 1991.
Deberá participar en la elaboración del programa formativo de la nueva especialidad médica, el establecimiento de los criterios de acreditación de las unidades docentes, la supervisión de la calidad formativa, la armonización de los estándares para la concesión de la homologación de títulos, la elaboración de recomendaciones sobre competencias profesionales, la integración de nuevas tecnologías diagnósticas en la formación, la promoción de la calidad y la seguridad en la práctica del laboratorio clínico y el asesoramiento a las autoridades sanitarias e investigación. “Así que este es el reto”.
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