Mari Carmen, Paqui y Pili, las primeras policías locales de Ceuta: “Éramos adornos estéticos”

POLICÍA LOCAL

Las tres veteranas siguen siendo “las niñas” de la Jefatura cincuenta años después de acceder al cuerpo, que incorporó a mujeres en su plantilla de Ceuta en 1975, tras hacerlo en Córdoba y Madrid

Las primeras agentes de la Policía Local de Ceuta durante su instrucción en la azotea del Ayuntamiento. / FOTO CEDIDA
Las primeras agentes de la Policía Local de Ceuta durante su instrucción en la azotea del Ayuntamiento. / FOTO CEDIDA

Desde que Pilar Ugarte (Ceuta, 1955) oyó sobre el curso de explosivos que tendría lugar en Madrid supo que debía inscribirse. La que por entonces fuera agente de la Policía Local de Ceuta preparó toda su documentación y la envió donde correspondía para postularse a la formación. A los pocos días, un sargento la llamó a su despacho. “¿Esto qué es?”, le preguntó con sus papeles en la mano. “Que quiero hacer el curso”, se apresuró a responder ella. “Pero, ¿tú qué piensas hacer con tu marido y tus hijos”, siguió su jefe. “Pues lo mismo que va a hacer éste con su mujer y su hija”, le espetó ella señalando a un compañero. “Tú no puedes ir”, concluyó el alto mando, para después romper su hoja de inscripción.

“Y me quedé en tierra, fue el otro. Hoy en día no pasa eso. Gracias a que abrimos camino, ha ido progresando la cosa”, afirma Ugarte, de 70 años, ojos azules y rubia cabellera, sentada y con sus brazos apoyados sobre una alargada mesa ubicada en el centro de una sala de reuniones de la Jefatura de la Policía Local. Junto a ella, dos de las seis ceutíes que lograron acceder al cuerpo en la primera promoción de mujeres, en 1975. Acaban de cumplirse 50 años desde entonces, pero Pili, Paqui García (Ceuta, 1957) y Mari Carmen Godino (Ceuta, 1955), jubiladas hace años, siguen siendo “las niñas” de la Policía Local de Ceuta.

Ceuta fue la tercera ciudad española que las incluyó en el organismo autonómico, después de Córdoba, en 1970, y Madrid, en 1973. Las tres tenían entre 18 y 20 años cuando aprobaron las oposiciones. Llevaban falda, corbata, bolso al hombro, bombín a la cabeza y tacones en los pies. Estos últimos ralentizaban su paso siempre que la situación requería de una rápida intervención. Como cuando Godino tuvo que perseguir a un sospechoso que se dio a la fuga tras negarse a identificarse. Estaba de servicio en el Mercado Central junto a un compañero, quien, en pantalones y sin elevación en sus zapatos, corrió más y logró atrapar al sujeto.

Las primeras agentes de la Policía Local de Ceuta durante su instrucción en la azotea del Ayuntamiento. / FOTO CEDIDA
Las primeras agentes de la Policía Local de Ceuta durante su instrucción en la azotea del Ayuntamiento. / FOTO CEDIDA

En paralelo, un paquete cayó en las manos de la agente, tras lo cual un grupo de personas se le aproximó para tratar de arrebatárselo. Le mordieron las manos, le propinaron varios “puñetazos”, pero Mari Carmen no soltó el objeto, que resultó ocultar “cinco millones y pico en divisas”. No tuvo miedo entonces, tampoco cuando se decidió a presentarse aquellas plazas animada por su padre. Lo mismo que le ocurrió a Paqui, cuya estancia en Francia hasta los 16 años logró abrir su mente -y la de su familia- tanto como para normalizar que una mujer se convirtiera en una agente de la autoridad.

La de los años setenta era todavía una Ceuta “comercial al cien por cien”, y pretendía abrirse al resto del mundo, mostrarse moderna. Como parte de su estrategia, las jóvenes mujeres policía se convirtieron en una “atracción”, un “adorno estético”. “Éramos figuritas de porcelana. Nos colocaban en los sitios más emblemáticos de la ciudad, donde nos veía todo el mundo que llegaba a Ceuta. Todo el mundo se quería hacer fotos con nosotros”, cuenta Mari Carmen Godino, gafas de sol a la cabeza, durante la entrevista que las veteranas de la Jefatura concedieron a El Pueblo de Ceuta, el pasado jueves, una semana antes del inicio de los actos por el 50 aniversario de la incorporación de la mujer a la Policía Local de Ceuta.

Las tres veteranas formarán parte activa de las jornadas organizadas entorno a la celebración. Este miércoles recibieron a las 150 participantes, todas agentes de lo largo y ancho de la península. El jueves se colocarán el uniforme y desfilarán desde el Hotel Ulises, donde se hospedan, hasta el Palacio Autonómico, donde el presidente de Ceuta les dará la bienvenida. El encuentro, que se prolongará hasta el próximo sábado, reúne a mujeres miembro de distintas policías del país.

María del Carmen Godino, Pilar Ugarte y Paqui García, en la Jefatura de Policía Local. / FOTO G.S.
María del Carmen Godino, Pilar Ugarte y Paqui García, en la Jefatura de Policía Local. / FOTO G.S.

Como “adornos estéticos” que eran, las seis primeras mujeres de la Policía Local de Ceuta eran ubicadas cada día de manera diferente al resto de sus compañeros. El cuerpo contaba con una botella de cuero donde se introducían unas bolas, cada cual numerada. A cada número le correspondía una zona. Los agentes extraían la bola y, a suertes, terminaban organizándose. Con ellas no era igual. Siempre debían ir destinadas al centro de la ciudad, y se iban turnando la calle Real, la plaza de la Constitución o el Paseo del Revellín. Tres por la mañana y tres por la tarde. Esta “injusticia” cambió cuando se revelaron ante lo que consideraban un elemento de desigualdad respecto de sus compañeros. Al igual que sus descansos, que eran todos los domingos, aunque para ellos eran rotativos. “Porque nos tenían muy mimadas, pero tuvimos que luchar, porque debíamos tener las mismas condiciones que los hombres”, comenta Godino.

Tampoco podían llevar armas reglamentarias, solo se les permitía cargar con unas defensas de color blanco, de un tamaño menor a las defensas negras de los hombres. Con el tiempo y la reivindicación también lograron que eliminaran los tacones de la indumentaria y que los uniformes fueran homogeneizándose a los de ellos. A Godino le ocurrió que un día, mientras se encontraba de servicio en la puerta de la Iglesia de África, un grupo de turistas se acercaron y le hicieron una pregunta que aún recuerda entre risas: “¿A qué hora empieza la misa, hermana?”. “Yo no soy hermana, soy policía”, les respondió ella.

Las niñas

Para acceder al cuerpo, las aspirantes tuvieron que someterse a “las mismas pruebas que los hombres”. Primero, un examen de cultura general; después, un reconocimiento médico, un examen físico y, por último, una prueba sobre el reglamento del cuerpo, el de ordenanzas municipales, el código penal o el de circulación. Se prepararon durante un año antes de presentarse a las oposiciones. Tenían la ayuda de un preparador, José Salvador Cárdenas, un funcionario del ayuntamiento que solía formar a los opositores a la policía y al cuerpo de Bomberos. Lo hacía gratuitamente, en su despacho.

María del Carmen Godino. / FOTO G.S.
María del Carmen Godino. / FOTO G.S.

También contaron con apoyo para preparar las pruebas físicas, gracias a un bombero llamado Joaquín, que fuera marido de otra de las seis agentes de la primera promoción de mujeres en la Policía Local, a la que siguen recordando en cada ocasión, María Teresa Vidal. En la actualidad, tras aprobar las oposiciones, los agentes deben pasar por un periodo formativo en la academia de Policía. La academia de las seis primeras agentes de Ceuta fue “en la azotea del Ayuntamiento”, con un sargento a cargo de formarlas en cómo controlar el tráfico.

Tras hacerse con sus plazas, fueron acogidas “con mucho cariño” por sus compañeros. La Jefatura de la Policía Local de Ceuta estaba, por lo general, envejecida, por lo que los agentes las protegían como a sus “niñas”. “Y seguimos siendo las niñas. Ha entrado juventud nueva, pero las niñas somos nosotras. Ese título no nos lo quita nadie”, afirman entre risas.

“Me gustaría ser policía en esta época. Hoy puedes acceder a todo. Antes no podíamos tener una moto, no podíamos tener armas, no podíamos hacer nada. Solo circulación, regular el tráfico, mercados y ordenanzas municipales. Hoy van a todos sitios y hacen de todo. Igual que el hombre, sin ninguna diferencia”, enuncia Pili.

Paqui García. / FOTO G.S.
Paqui García. / FOTO G.S.

“Eva está alucinando”, comenta, de repente, Mari Carmen. Se refiere a Eva María González, quien, uniformada, escuchaba atenta el relato de las tres veteranas. Es la última agente que juró su cargo, en 2018, y no puede evitar llevarse las manos a la cabeza al descubrir nuevos detalles sobre lo que suponía ser policía local hace cincuenta años. Sobre todo, para las mujeres.

La agente Eva María González junto a la policía ya jubilada Pilar Ugarte. / FOTO G.S.
La agente Eva María González junto a la policía ya jubilada Pilar Ugarte. / FOTO G.S.

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