Los estudios sísmicos subestimaron el Atlas: se elevaba y se estrechaba demasiado

MARRUECOS

Descubren bajo la cordillera un manto anómalo, caliente y poco denso relacionado con el vulcanismo cuaternario de la región

FOTO RECURSO
FOTO RECURSO

Si dentro de 25 millones de años quedamos alguno por aquí, veríamos que Marruecos ha colisionado con Andalucía y se ha cerrado el Estrecho de Gibraltar. La placa tectónica africana seguiría empujando a la Euroasíatica y, si el geólogo Christopher Scotese tiene razón, la Península Ibérica comenzará a rotar en dirección a las agujas del reloj, y en otros 25 millones de años el norte de España chocará con la costa francesa.

De momento, lo seguro es que las placas euroasiática y africana llevan millones de años empujándose, como un puzle de plastilina en el que se mezclan las piezas, o se elevan, o se sumergen, provocando miles de terremotos al año. El último, el de este fin de semana en la cordillera del Atlas, con el epicentro a más de 700 kilómetros del choque de placas tectónicas. "No es previsible, pero no imposible", apunta el sismólogo Juan Vicente Cantavella, del Instituto Geográfico Nacional (IGN). El terremoto de Agadir, en la desembocadura oceánica de la cordillera, y aún más lejos del choque de Placas, fue de 5,8 y en 1960 dejó de 12.000 a 15.000 víctimas mortales.

A las 23.11 del pasado 8 de septiembre tembló la tierra a 60 kilómetros al suroeste de Marrakech, y en España el IGN recibía más de 500 avisos, la mayoría de Andalucía, pero también de Madrid y las islas de La Palma y El Hierro.

De acuerdo con un estudio de las fallas del Atlas publicado en 2006 por investigadores del Laboratorio de Tectónica de la Universidad Pierre et Marie-Curie, la Universidad Paul Cézanne de Marsella, la Universidad Mohamed V de Rabat y la Cergy Pontoise, las fallas del Atlas tenían "potencial para generar seísmos de entre 6,1 y 6,4" como máximo en la escala de Richter. Se quedaron cortos, lo que hace más difícil predecir si habrá más, cuándo, y de qué magnitud.

Itahiza Domínguez, sismólogo del IGN, explica en redes sociales que los mapas de peligrosidad sísmica tienen "un problema": se basan en el conocimiento del pasado, pero si este es limitado, o los tiempos de recurrencia de los terremotos son largos, se puede "menospreciar" el peligro. Y esto cree que es lo que sucedió con el terremoto de Marruecos, ya que el mapa preexistente daba una probabilidad más baja en la zona del hipocentro en comparación con otros puntos del país, y en general del norte de África. En la Península Ibérica, los puntos de mayor peligrosidad se encuentran en las provincias de Granada y Murcia. En la primera se registró un terremoto de 6,7 en 1884 con un saldo de más de 1.000 fallecidos. El de Lorca en 2011 fue de 5,1 y provocó 9 fallecidos y más de 300 heridos. Por eso, Itahiza Domínguez indica que "no es descartable" que se produzca un nuevo terremoto "destructivo".

También te puede interesar

Lo último

stats