El drama de Naji: ‘atrapado’ en Ceuta y sin ver a su mujer e hijos desde hace cuatro años
SOCIEDAD
Desde la pandemia, el cierre de fronteras y la necesidad de un visado Schengen para los marroquíes que trabajaban en la ciudad autónoma, centenares de personas se encuentran varadas y sin posibilidad de trabajar legalmente porque muchos tienen el pasaporte caducado
El dilema dura ya cuatro largos años. Naji llega a una cafetería del centro con pocas esperanzas de que la situación cambie. Lo transmite durante la conversación. Son ya casi dos décadas trabajando como albañil en Ceuta. Con el dinero diario mantiene a su mujer y tres hijos, además de a sus padres, todos afincados en Castillejos, su ciudad natal. La pandemia, el cierre de fronteras y las restricciones dieron un cambio radical a la vida de este marroquí y su familia. Desde entonces se ven por videollamada.
La encrucijada es la siguiente: volver a su país, estar con los suyos, pero perder su empleo debido a las dificultades para conseguir el visado Schengen para retornar -obligatorio desde la apertura-, o, lo que eligió hasta ahora, permanecer en Ceuta, ya con el pasaporte caducado y trabajando ‘de ilegal’ para mantener a los suyos. Los bajos salarios y la falta de empleo al otro lado de la frontera, claves para tomar la decisión. “Aquí gano 60 o 70 euros diarios trabajando de lunes a viernes. En Marruecos, si tienes la suerte de encontrar empleo, son unos siete euros. Es inviable”, sostiene.
Como Naji, centenares de marroquíes están varados en Ceuta desde las restricciones causadas por la pandemia. No hay estadísticas, no hay un número exacto. Un grupo de WhatsApp con 113 personas en la misma situación arroja algo de luz a las cifras. “Hay muchos más”, asegura el albañil. El portavoz de la asociación Al Ambar, Uzman Bersabé, desde el salón de su casa afirma que en un principio llevaban un recuento que llegaba casi a 1.000 afectados. “Muchos no aguantaron más y volvieron a Marruecos. Contaban con que tarde o temprano se encontrara una solución. Cuatro años después todo sigue igual”.
A pesar de diferentes escritos -a uno de ellos tuvo acceso este diario- a Delegación del Gobierno, en concreto cuando estaba al mando Rafael García, nunca contestaron. A Cristina Pérez, actual mandataria de dicho órgano, ni lo han intentado. “¿Para qué? Si no responden. Aquí somos invisibles. Evitan hablar del tema”, sostiene el obrero.
La historia de Naji es similar a la de muchas familias humildes que se agarran a su empleo en Ceuta para salir adelante a pesar de que el coste a pagar sea no ver a sus seres queridos después de cuatro años. Limpiadoras del hogar, albañiles o pintores viven solos, la mayoría con un pasaporte caducado, sin opción de regularizar su situación, acceder a un contrato, a un seguro de trabajo o ir a un hospital salvo urgencia. “Yo tuve suerte. Mi hermana vivía aquí y al menos no tengo que pagar un alquiler. Pero hay muchas personas, mujeres, con relatos tristes y que tienen que hacer frente además a la renta de una casa”.
‘Suerte’
El día a día de Naji después de trabajar es hablar a través de una pantalla con sus tres hijos, uno con ahora 16 años, otro con 13 y el pequeño de 10, además de con su mujer. Adolescentes, en época de cambios y desarrollo que están creciendo prácticamente sin la figura de su padre. “Viven del dinero que les mando. Ellos, sobre todo los críos, me insisten en que deje el trabajo, que vuelva. Que me quieren ver. Pero las cosas no son tan fáciles. Las primeras semanas bien, pero luego. ¿De qué vivimos?”, se pregunta con gesto serio.
Esa “suerte” de la que habla Naji la argumenta contando historias “trágicas” de otras personas, varias que corrobora este diario, pero que por miedo no han querido salir en prensa. Una mujer con su madre enferma de cáncer y para la que su trabajo en la ciudad autónoma es crucial para seguir enviándole dinero ante la falta de ayudas al otro lado. Un padre al que le sorprendieron las restricciones en Ceuta, con su mujer embarazada en Marruecos, y que ahora tiene un hijo de cuatro años al que solo ha visto a través del teléfono o incluso casos de familiares fallecidos a los que no han podido despedir.
“Es muy dramático. Desde entonces pasamos la Fiesta del Cordero, el Ramadán y otras fechas señaladas totalmente solos cuando son días para disfrutar en familia”, lamenta Naji. Dris Ouahabi, secretario de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) en Ceuta, lleva desde el principio intentando encontrar una solución “tocando a todas las puertas” en Marruecos y en la ciudad autónoma. “Antes había muchos más. La gente cuando empezó a ver que no había solución empezó a buscarse la vida. Volvieron a su país y renunciaron a volver aquí, donde tenían un trabajo estable y bien remunerado”, expone desde una cafetería céntrica.
Pesimismo
Ouahabi asegura que han hablado con diferentes asociaciones de derechos humanos hace unos meses para que reflejen la problemática ante el Gobierno de España. Actualmente, cuenta, existe una página web para la recogida de firmas que ya ha utilizado “mucha gente”, aunque no muestra optimismo.
“Lo estamos intentando por todos los medios, pero ya adelanto que no hay una solución. Marruecos asegura que la frontera está abierta. Cuando estaba cerrada sí era posible ir al consulado de ese país en Algeciras para, por ejemplo, renovar el pasaporte, aunque tenías que estar empadronado allí. Ahora no se puede porque insisten en que las fronteras están abiertas. Sin Schengen, no se entra en Ceuta. Eso está bien claro. No hay alternativas”, lamenta.
Antes de marchar, Naji destaca que lo más difícil para los marroquíes ‘varados’ en Ceuta por esta situación es la incertidumbre. “Si tuviéramos una fecha fija, por ejemplo, en 2026 se nos permitirá entrar y salir. Esperamos a ese año y arreglado. No ver una solución cerca es lo peor para nosotros”, sostiene. Ouahabi finaliza tajante. “Hay gente que está muy desesperada por este asunto. No saben ya qué decisión tomar”.
Sigue el canal de El Pueblo de Ceuta en WhatsApp. Pincha aquí, dale a SEGUIR y encontrarás toda la actualidad informativa de la jornada ceutí