La hostelería de Castillejos “echa de menos” Ceuta

SOCIEDAD

Trabajadores de los establecimientos de la costa del cercano municipio marroquí reivindican su labor de cara a la ciudad autónoma, donde muchos trabajaban hasta el cierre de la frontera

FOTO S.C.
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Playa Almina se encuentra a menos de 14 kilómetros de Ceuta en dirección a Rincón (Marruecos), a poco más de una hora a pie hacia el Sur desde Castillejos, el primer municipio marroquí fronterizo con la ciudad autónoma pasando el Tarajal. Esta costa es una zona de veraneo y turismo, tanto para habitantes del país vecino como para ceutíes, pero está especialmente frecuentada los fines de semana. En la playa se encuentran varios establecimientos de hostelería en los que trabajan muchas personas marroquíes, pero varias “echan de menos” ejercer en Ceuta por las diferencias socioeconómicas y de condiciones laborales tras el cierre permanente de la frontera.

Son las 20:00 de la tarde (hora marroquí) de un brumoso domingo, y parte de las personas que estaban en la playa suben a los chiringuitos para aprovechar las últimas horas de sol y del fin de semana bebiendo o cenando en las terrazas. En el chiringuito número 13, el Restaurante Bilal Mariscos de Almina, la terraza está llena y más de una decena de trabajadores se afanan en ofrecer los servicios a sus clientes lo más rápido que pueden. Ante la demanda de El Pueblo de Ceuta de realizar una entrevista en castellano, es uno de los cocineros, Yousef, el que actúa como traductor e interlocutor desde el árabe con el diario, además de contar su propia experiencia.

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Yousef (48 años) es marroquí y lleva dos temporadas de verano ejerciendo en este establecimiento, aunque durante los doce años anteriores a la pandemia del Covid-19 estuvo yendo y viniendo a Ceuta porque trabajaba primero en una cafetería cercana al Hotel Puerta de África y después en otra entre el Muelle de España y el puerto. El cocinero lleva un delantal negro dado la vuelta, de manera que no se ve el nombre del último establecimiento referido, pero es la misma prenda que usaba entonces en Ceuta. Comparte cuatro hijos con su mujer, que también es del gremio de la hostelería y estuvo trabajando en la ciudad autónoma, y que además tuvo “más o menos los mismos problemas” que él. Al principio de la pandemia Yousef tenía un permiso de trabajo -expedido en diciembre de 2019- que le permitía cruzar la frontera en ambas direcciones; no obstante, el cierre fronterizo primero temporal y luego permanente le impidió renovar este permiso y nunca más volvió a poder entrar en la ciudad autónoma, que solo se encuentra a una media hora de coche y que puede divisar desde su nuevo trabajo.

“Ese proceso fronterizo para mí ha sido muy malo”, reconoce el cocinero, que insiste en que “ahora mismo” no puede entrar en territorio español a pesar de su voluntad: “Tengo que buscar alguna manera para pasar a Ceuta”, reitera; manera que pasa por encontrar otro trabajo con el que le expidan otro visado parecido pero esta vez en origen, algo que ve “muy complicado”. Yousef echa “mucho de menos” Ceuta, que para él “es una ciudad muy buena”, “muy bonita” y en la que le ha gustado “mucho trabajar”, ya que “la gente es muy buena, el trabajo estaba muy bien” y ha logrado hacer amigos con el tiempo.

“Antes trabajaba menos y cobraba más, y ahora es justo al contrario

“Aquí en Marruecos hay más problemas para trabajar y tampoco está bien pagado”, señala el cocinero haciendo un gesto de frotarse el índice y el pulgar. En Ceuta percibía “más o menos” 1.000 euros al mes, mientras que en Almina cobra en torno a los 300. A pesar de reconocer que la vida en Marruecos es más barata, declara que su familia ha perdido mucho poder adquisitivo, por lo que “hay mucha diferencia” también en cuanto a los horarios, ya que en este chiringuito tiene que trabajar de 11 hasta 15 horas al día por el sueldo referido: “Antes trabajaba menos y cobraba más, y ahora es justo al contrario”, resume.

Yousef acaba la entrevista diciendo que, además de su mujer y otros compañeros que no hablan español pero que enfrentan el mismo caso, hay muchas personas más en Castillejos que se encuentran en su misma situación. Además, el chiringuito cierra durante el periodo de invierno, por lo que tendrá que trabajar en otro establecimiento marroquí “más o menos 6 ó 7 meses nada más”, lo que considera “precario” y le hace dudar de su futuro laboral y de la supervivencia de su familia.

Durante el transcurso del encuentro la cocina ha ido cogiendo fuelle y ahora sí tienen tiempo para mostrar sus platos, ya preparados. El restaurante playero está especializado en pescado frito, y dos jóvenes cocineros compañeros de Yousef posan con sus manjares recién cocinados al saber que su trabajo será reconocido y visto en Ceuta, donde “le encantaría trabajar” (traduce Yousef) al más joven, Ashraf.

Ya va cayendo la noche y se iluminan las calles del paseo marítimo y las mezquitas de Castillejos. Hay prisas por llegar a casa porque mañana es una nueva jornada de trabajo, por lo que se forma un atasco importante. Y, a lo lejos, también se ilumina la Perla del Mediterráneo, que observa desde la frontera el final de esta tarde de domingo veraniego en la vecina Playa Almina.

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