Mustafa, el marroquí que murió en Ceuta sin volver a ver a su familia
FRONTERA
Estaba entre los vecinos de Marruecos que decidieron quedarse en la ciudad tras el cierre fronterizo por miedo a no poder regresar a España en busca del sustento de los suyos, que, cinco años después, no han podido despedirle
Cinco años pasó Mustafa soñando con abrazar de nuevo a su mujer y sus cinco hijos. Era uno de los centenares de marroquíes atrapados en Ceuta tras el cierre de la frontera como consecuencia de la pandemia de 2020. En la ciudad autónoma tenían trabajo y soledad, mientras en Marruecos les esperaba el hogar y la precariedad. Entre quienes optaron por sacrificarse en pro de tener garantizado el sustento de su familia en territorio español se encontraba Mustafa, que, tras cinco años de vida basada en el trabajo y la esperanza de reencontrarse con los suyos en Rincón del Medik, ha fallecido solo en el Hospital Universitario.
Era este un lunes caluroso y los camareros del café Alhambra servían café y té a la misma velocidad que de costumbre. Todo marchaba igual en la Gran Vía este 26 de mayo, pero los asiduos del local se lamentaban al tener que hablar en pasado de uno de los suyos. “Venía todas las tardes, era un buen hombre…”, expresó Lahsen, de pie frente a la barra, donde el camarero, sin detenerse en sus quehaceres, confirmaba la presencia frecuente del señor marroquí, de unos 60 años, en la mítica cafetería ceutí.
“Es la primera vez que oigo hablar de su enfermedad”, comunicaba, sorprendido, otro de los conocidos de Mustafa, apoyado sobre la barra de la Alhambra. Ni él ni el resto de la cuadrilla eran conscientes de la gravedad del estado de salud del trabajador, que, tras verse obligado a acudir a Urgencias en varias ocasiones durante el último año, según han relatado fuentes cercanas al fallecido a este diario, tuvo que ser ingresado la semana pasada, falleciendo en la tarde del viernes en el Hospital Universitario de Ceuta (HUCE), por motivos que no han trascendido.
Mustafa murió solo en Loma Colmenar, a 25 kilómetros de su familia. Pero atesoraba en Ceuta un grupo de amigos dispuesto a honrar su memoria. En cuanto el rumor del fallecimiento de Mustafa comenzó a sobrevolar su cafetería de confianza, sus conocidos se organizaron para recaudar el dinero necesario para financiar su repatriación, que ascendía a 3.200 euros. Asociaciones ceutíes también contribuyeron de forma anónima a la colecta, pero tan solo se hicieron con 2.200 euros. La Funeraria Al Kaddar, a cargo de repatriar el cuerpo, y sus trabajadores decidieron renunciar a cobrar los mil restantes y ofrecieron de forma gratuita servicios funerarios como trámites burocráticos, el embalsamiento y los tratamientos destinados a la conservación del cuerpo.
Su estancia en Ceuta se remonta a los años noventa. El marroquí natural de Beni Said era oficial de primera en la construcción. Solía cruzar la frontera a diario para trabajar en la ciudad autónoma y después regresar cada noche con su familia. Especializado en losas y escayolas, no le faltaba el trabajo, según han informado a este diario sus conocidos. El cierre de la frontera entre Marruecos y Ceuta como consecuencia de la pandemia de Covid-19 provocó que Mustafa, como otros miles de transfronterizos, tuvieran que decidir si quedarse en territorio español, con trabajo asegurado y sin familia, o volver a su país con los suyos sin saber si les permitirían regresar a trabajar en Ceuta debido a la dificultad de conseguir el visado Schengen.
“Estaba muy demandado, tenía una cualificación muy buena en un sector con mucha demanda. Se ganaba la vida”, explican sus allegados. Dejó de ver a su mujer y sus cinco hijos en marzo de 2020. Fue duro decidir, pero optó por asegurarse el mantenimiento de su numerosa familia. Fueron cinco años de trabajo, tés en la Alhambra y visitas a Western Union para enviar el dinero a Marruecos. Cinco años en los que siempre conservó la esperanza de volver a verles. Esperanza que se esfumó el viernes pasado.
Mustafa ha regresado a su país cinco años después de la última vez, y lo ha hecho dentro de un ataúd, transportado por un coche fúnebre. El vehículo cruzó la frontera del Tarajal a mediodía de este lunes. Unas horas más tarde, alrededor de las 18:30 horas, fue celebrado su entierro en Rincón.
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