TDAH Ceuta sobre externalizar la atención psiquiátrica infantil: “Es un parche”

SALUD MENTAL

La asociación lleva años esperando la creación de la prometida Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil, que, según INGESA, estará lista a finales de 2025 y que ya tiene una psicóloga, encargada de derivar a los pacientes a la clínica privada

SMS recibido por Nora Mohamed donde el INGESA comunica la cancelación de la cita de su hijo con la psiquiatra. / FOTO G.S.
SMS recibido por Nora Mohamed donde el INGESA comunica la cancelación de la cita de su hijo con la psiquiatra. / FOTO G.S.

Cree Holaya Abdel-lah que, de mostrar a los responsables del INGESA en Ceuta “todos los casos” que le llegan de madres desesperadas por el estado de salud de sus hijos -con trastornos en el neurodesarrollo-, “se les caería la cara de vergüenza”. “Si no, este es el móvil de la asociación”, exclama elevando el tono mientras sostiene con su mano derecha un teléfono abierto por la App de WhatsApp. “Basta con ponerles el ‘manos libres’ y que escuchen. Que escuchen a las familias”, continúa, sentada en una silla de plástico, dentro de la reducida sede de la Asociación TDAH Ceuta, que ella preside. La institución sigue dando pasos en torno a la atención a la salud mental en los menores de edad, pero para Mohamed son insuficientes a sabiendas de que las primeras promesas fueron adquiridas por la institución en 2018.

El Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA) ha decidido externalizar de forma temporal la atención psiquiátrica infantil ante la imposibilidad de contratar psiquiatras infanto-juveniles que suplan la baja laboral de la única profesional en el área, inactiva desde principios de abril. La entidad dependiente del Ministerio de Sanidad ha firmado un concierto con Hospiten Estepona, al que derivarán a sus pacientes mientras resuelven la contratación de personal propio, según informó el director médico de Atención Primaria, Juan Carlos Mata, durante una entrevista concedida hace tres días a RTVCE, en su programa Conecta2.

En paralelo, han efectuado la contratación de una psicóloga que formará parte de la esperada Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil, que el INGESA espera tener en funcionamiento antes de que finalice 2025, con o sin la finalización de las obras, según se comprometió Mata en la radio televisión pública. Para la presidenta de la Asociación TDAH, estos últimos movimientos no son más que “parches” a los que lamenta estar “acostumbrada”. “Son ya siete años de promesas y parches. De falta de interés. De que nos digan ‘estamos trabajando en ello”, critica Holaya Abdel-lah rodeada de carteles reivindicativos de fondo anaranjado -color usado para simbolizar el trastorno-, en el local de cristaleras con vistas a la Ribera donde la entidad se las apaña.

SMS recibido por Nora Mohamed donde el INGESA comunica la cancelación de la cita de su hijo con la psiquiatra. / FOTO G.S.
SMS recibido por Nora Mohamed donde el INGESA comunica la cancelación de la cita de su hijo con la psiquiatra. / FOTO G.S.

Junto a Abdel-lah se encuentra Sohora Ahmed Dorado, madre de un niño de 16 años diagnosticado con TDAH desde 2019, uno de los primeros contactados para acceder a una consulta con la nueva psicóloga. Acudió en la mañana de este jueves, después de que su progenitora recibiera la llamada de un directivo del INGESA que le informaba de la cita una semana después de que Sohora interpusiera una reclamación por escrito contra la administración por la desatención a su hijo, a quien cancelaron la cita con la psiquiatra concertada para el 10 de junio.

Durante la sesión, la profesional le preguntó sobre el historial de su hijo para después efectuar la derivación hasta el hospital privado malagueño con el que el INGESA acaba de firmar un acuerdo. “La psicóloga hace un filtro para decidir quién va al hospital. Nuestros hijos no necesitan pasar un filtro, ya tenemos un diagnostico que nos han diagnosticado los especialistas”, reprocha Mohamed, quien añade que, aunque cree fundamental la atención psicológica para los menores neurodivergentes, lo prioritario es la asistencia médica. “Nosotras aplaudimos que la contraten, pero una psicóloga no ajusta la medicación, no receta”.

“La psicóloga es importante, pero, ¿sin la psiquiatra que actualice el tratamiento? No vale. Necesitamos una psiquiatra o una neuróloga infanto-juvenil, pero es que no hay nada”, insiste la presidenta de TDAH, quien asegura que dos altos cargos de la Dirección Territorial del INGESA en Ceuta la instaron a buscar profesionales entre el tejido asociativo. Y no queda ahí. Según relata Holaya Mohamed, la directora general, Isabel Muñoz, le dio su dirección de correo electrónico para que le enviara “currículums de psiquiatras”.

“Su medicación está desajustada, él tiene reacciones, el profesor no lo aguanta y lo echa a la calle. Pero, ¿de qué sirven las expulsiones? Solo para bajar su autoestima"

Esta anécdota se remonta a la comparecencia de Muñoz en Ceuta, que tuvo lugar el 2 de abril, el mismo día que El Pueblo de Ceuta adelantó la baja laboral de la psiquiatra infanto-juvenil. La prensa aprovechó la presencia de la directora del INGESA en el Hospital para preguntarle por el asunto. “Hay cuatro psiquiatras, tranquilidad, porque la actividad está garantizada y hay cobertura”, dijo entonces, en presencia del director territorial, Jesús Lopera, que ratificó las palabras de Muñoz, y de la delegada del Gobierno en Ceuta, Cristina Pérez, que aprovechó para reprochar la gestión sanitaria del PP durante sus años de gobierno.

De la breve atención a medios -que duró 12 minutos y dejó con numerosas preguntas en el tintero a los periodistas- fue testigo presencial Holaya Abdel-lah, allí presente para participar después en el acto por el 15 aniversario de la inauguración del Hospital Universitario de Ceuta (HUCE). Nora Mohamed sintió la misma “frustración” de Holaya al conocer las declaraciones de los responsables políticos. Madre de tres niños con neurodivergencias, la otra miembro de TDAH Ceuta se encuentra ahora “desesperada” aunque no “sorprendida”, ya que “veía venir” que las promesas enunciadas aquel día de abril no se harían realidad.

Cancelaciones, expulsiones y suicidios

El mayor de Nora Mohamed, que cumplirá 18 años en octubre, tiene un diagnóstico de trastorno de personalidad; el segundo, con 16, TDAH; y el más pequeño, TDAH y autismo. Se encuentra a la espera de que le confirmen si, además, su primogénito padezca de epilepsia frontal, lo que explicaría las “crisis” de agresividad que lo llevan a autolesionarse o agredir a sus familiares. “Yo no quiero etiquetarlo, pero necesito ayudarlo, saber qué tiene para poder ayudarlo”, revela la ceutí recostada en el respaldo de una silla blanca, junto a Holaya Mohamed y frente a Sora Ahmed. Las tres se dieron cita con este diario el pasado jueves para volver a poner sobre la mesa las consecuencias de la falta de asistencia médica a sus hijos.

Desde la baja de la psiquiatra infanto-juvenil, a su hijo le han cancelado dos citas. La última, para el 11 de junio. El INGESA le envió un SMS notificando la anulación “por baja médica del facultativo” e instándola a consultar “con su médico de cabecera” la prescripción de medicina. Los niños y niñas con trastornos del neurodesarrollo acuden con regularidad a la consulta del psiquiatra debido a que los tratamientos farmacológicos requieren de ajustes constantes. Cuando la psiquiatra se encontraba activa, la periodicidad solía ser de cuatro meses. Para los hijos de Nora era “demasiado”, pero era algo.

Sohora Ahmed, madre de un niño de 16 años con TDAH. / FOTO G.S.
Sohora Ahmed, madre de un niño de 16 años con TDAH. / FOTO G.S.

“Ella hacía lo que podía, estaba desbordada, más no se le podía pedir”, comenta en alusión a la carga asistencial que debía asumir la doctora Isabel Valriberas. En abril comenzaron a cancelarse las citas -pese a que lo negaran los responsables del INGESA-, y los padres y madres hacen lo que pueden. Entre las consecuencias del trastorno que provoca en los niños medicaciones imprecisas se encuentran las expulsiones de los centros educativos y hasta intentos de suicidio.

El hijo de Sohora acumula ya varias expulsiones de su instituto. “Su medicación está desajustada, él tiene reacciones, el profesor no lo aguanta y lo echa a la calle”, cuenta. Reconocen las tres madres que no es fácil para ellas aceptar que sus hijos se mediquen, pero no les queda más remedio. A veces, cuando al de Sohora le dan brotes de agresividad, ésta le pregunta “por qué lo hace”. Él responde con lágrimas y asfixia provocada por la ansiedad, a lo que ella reacciona sumándose a su dolor y a su impotencia. “Acabo llorando con él. Lo abrazo, le digo que no pasa nada, que todo se arreglará”, narra mientras el cristal de sus gafas deja ver cómo sus ojos se van humedeciendo.

Ese jueves, Sohora estaba intranquila, aunque satisfecha. Una mezcla de emociones contrarias provocada por saber que su hijo se encontraba en esos momentos en la playa con sus amigos. Era la primera vez en 16 años que le permitía pisar la arena sin su compañía. Recuerda que tuvo problemas para socializar durante los primeros años de instituto, cuando se vio forzado a llevar peluca debido a la alopecia que le estaba produciendo un medicamento cuyo uso tuvo que interrumpir en cuanto la dermatóloga descubrió que se trataba de un efecto secundario. “A otros niños les va bien ese tratamiento, pero a mi hijo no. Depende de cada uno van cambiando”, afirma explicando así el motivo por el que las madres y padres de los menores con TDAH demandan un control regular por médicos especializados en psiquiatría infanto-juvenil.

Es por ello que una familia se negó recientemente a que su hijo fuera atendido por un psiquiatra para adultos en las Urgencias del HUCE. El niño acababa de autolesionarse produciéndose cortes en los brazos. No es un caso aislado, según mantiene Holaya Abdel-lah. Han sido varios los testimonios relatados por familiares de menores con TDAH que han tratado de suicidarse agrediéndose a sí mismos o intentando tirarse por la ventana. La familia del chico que terminó en el hospital tras autolesionarse se marchó de Loma Colmenar después de que los sanitarios cerraran los cortes con puntos, sin permitir que el especialista de guardia lo atendiera.

La madre de tres niños con trastornos en el neurodesarrollo Nora Mohamed en la sede de la Asociación TDAH Ceuta. / FOTO G.S.
La madre de tres niños con trastornos en el neurodesarrollo Nora Mohamed en la sede de la Asociación TDAH Ceuta. / FOTO G.S.

Decidieron pedir un préstamo en el banco para poder pagar la atención sanitaria que están recibiendo en una clínica privada de la península. Esto a pesar de que, según la presidenta de TDAH, tanto los centros educativos como el IMSERSO -para valorar la discapacidad- exigen que, para probar el trastorno que padecen sus hijos, entreguen informes firmados por médicos del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS). “Esta mujer, después de gastarse el dinero en que evalúen a su hijo, lleva el informe al colegio y le dicen que no vale, que tiene que ser de la Seguridad Social. ¡Pero si no hay nada en la Seguridad Social!”, exclama, Mohamed.

Desesperación y “violencia”

La presidenta de TDAH Ceuta confiesa “harta” de que el INGESA “trate de callar a las madres” anunciando convenios como el acuerdo con un gabinete psicopedagógico del que le han informado desde la institución. “Nuestros hijos necesitan terapia, pero primero la médica”, añade. Los perjudicados no son solo los niños, también sus madres. Algunas terminan auto-medicándose para mejorar la paciencia y soportar el estrés. Otras temen perder sus empleos debido a la cantidad de días que deben ausentarse para recoger a sus hijos del colegio tras ser expulsado o sufrir una crisis. “¿De qué sirve que lo expulsen? Prefiero que lo pongan a hacer trabajos allí, de lo que sea, pero expulsarlos solo sirve para empeorar su autoestima, que ya de por sí es baja”, señala Noor.

Para tratar de evitar esas llamadas en mitad de sus jornadas laborales, hay progenitoras que acaban recurriendo a medidas desesperadas. Como aquella que escribió una noche a Holaya Abdel-lah preocupada por haber perdido la medicación de su hijo. Le preguntaba si podía darle otras pastillas que tenía en casa, el Concerta, ya que acababa de celebrarse la comunión del niño y al día siguiente tenía colegio. La madre temía que, de no llevarlo medicado, volvieran a llamarla estando en el trabajo y acabaran echándola por ausentarse de nuevo. Holaya le recomendó que no lo hiciera, ya que el cambio de tratamiento debe hacerse de forma paulatina, pero la madre no oyó a tiempo su mensaje y acabó administrándole la píldora.

TDAH Ceuta se plantea denunciar al INGESA ante la Fiscalía de Menores

“¿Crees que es normal que estemos así las familias? Yo, de verdad, tengo un estrés dentro… Me llaman todos los padres, los pobres, preocupados. No sé cuánto tiempo voy a estar llevando esta asociación”, admite la ceutí. Las familias ven cómo las citas en Psiquiatría, para las que antes ya debían esperar demasiado, ahora -desde abril- son canceladas. Tampoco pueden acudir a las Urgencias, donde no cuentan con profesionales formados para tratar este tipo de trastorno en menores de edad. Holaya lleva tiempo pensando que por lo que atraviesan actualmente es una situación de “violencia”.

Con semblante serio, Abdel-lah apoya sus codos sobre sus rodillas y, móvil en mano, rebusca en una conversación de WhatsApp hasta detenerse en un mensaje. Una “reflexión” que escribió hace unos días al comprender que “lo que está ocurriendo con la salud mental infanto-juvenil, con el TDAH en Ceuta, recuerda a lo que sucedía con la violencia de género hace décadas, cuando se ignoraban las denuncias de muchas mujeres, se cuestionaba su dolor y se les pedía que se aguantaran”. “Entonces también se minimizaba el problema, se ridiculizaban los testimonios y se tardaron años, demasiados, en reconocerlos como una violencia real, estructural y ejercida con el silencio del Estado”, sigue leyendo.

FOTO G.S.
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“Hoy, esa misma violencia se está ejerciendo contra los menores con trastorno del neurodesarrollo, como es el TDAH”, continúa mientras su voz va entrecortándose a medida que el contenido del discurso se acerca al drama que ella misma vive en el interior de su casa. “La negligencia institucional, la falta de servicios y la desatención sistemática, las promesas incumplidas y los parches temporales constituyen una forma de violencia estatal que se ejerce sobre nuestros hijos e hijas. Una violencia que nos deja moratones. Fracaso escolar, sufrimiento familiar y, muchas veces, desesperanza. No queremos esperar 20 años a que se reconozca este daño. Exigimos medidas reales, estructurales. Personal, atención digna y respeto. Porque cada día que pasa sin solución hay menores que sufren. Y eso hoy también es violencia”, concluye, ya con lágrimas cayendo por sus mejillas y las manos de Sohora y Noor apoyadas en sus brazos, en señal de apoyo.

Como violencia que lo consideran, asegura Holaya Abdel-lah que la asociación que preside denunciará al INGESA ante la Fiscalía de Menores. “Esta no es la solución. La solución no es que nuestros hijos salgan de su ciudad cuando han recibido dinero para implantar una unidad de salud mental infanto-juvenil aquí. Son más de siete años de promesas. Quieren que sigamos creyéndoles, pero solo ponen parches y maquillan la realidad. Les dan igual nuestros hijos”.

“Esto es agotador”.

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